31 de agosto de 2016

Como dice el dicho. Las arrugas del espíritu nos hacen más viejos que las de la cara



Por Margarita Quiroz

La muerte de 12 ancianos en el hogar San Francisco de Asís, todos con diferentes cuadros de  salud -propios de la edad- y complicados por el  virus de la chikungunya  pone en tela de juicio a las instituciones que “trabajan” en el país en beneficio de esta vulnerable población.
Es de suponer que antes los estragos provocados en la población dominicana   por este virus, se debió priorizar en los envejecientes  y más aún en aquellos que están recluidos en los asilos. No bastó una campaña publicitaria priorizando las emergencias de niños y envejecientes, como población más vulnerables, sino que  además se debió de ejecutar un programa efectivo de acción. 
El fallecimiento de 12 viejitos y 50 afectados  de 260 recluidos en este demandado asilo ha creado la voz de alerta. Ahora, el Ministerio de Salud Pública, quien aclara, a través de su vocero, no saber sana,  ordenó el apersonamiento de una brigada para eliminar los criaderos del mosquito transmisor. 
Esta es la realidad hasta el momento, la realidad del hogar San Francisco de  Asís, sin embargo,  se ha puesto usted a pensar cuál es la de los  49 asilos que forman parte del sistema sanitario del país y de otros autocalificados de privados, semiprivados y de programas especiales, que en suma son todos lo mismo: almacenes de ancianos. Esto lo afirmo con conocimiento de causa por experiencia vivida y sufrida. 
Pero aún más y ahora me traslado a la acera del frente, se ha puesto usted a pensar dónde están los organismos que por ley tienen que velar y trabajar por estas personas, que en su mayoría son excluidas y abandonas.
Sin intención de eliminar culpas, Salud Pública tiene una Dirección General de Protección a la Vejez, que se encarga “de asistir y supervisar”  los asilos de todo el país, por lo que es de suponer  que esta dirección debió de realizar su trabajo e informar debida y oportunamente a sus superiores.
Y qué del Consejo Nacional de la Persona Envejeciente (CONAPE) institución, prácticamente desconocida, creada bajo el amparo de la Ley 352-98,  y que sólo saca la cabeza, ante los medios de comunicación, el Día del Envejeciente, para decir siempre lo mismo, en franca evidencia del que tiene poco que exhibir.   
 “Las arrugas del espíritu nos hacen más viejo que las de la cara” dijo en alguna ocasión el escritor y ensayista francés Michel Eyquem de la Montaigne. De ahí que para trabajar con envejecientes nuestro espíritu necesariamente debe tener la piel de un bebé: se debe tener sensibilidad,  voluntad y mucha determinación.
Mientras prime la politiquería, la falta de planificación y disposición al trabajo la situación de nuestros envejecientes será  igual y noticias lamentables como estas seguirán saliendo a la luz pública.


Como dice el dicho…

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