30 de agosto de 2016

"Algunos acontecimientos históricos están sobrestimados", Stefan Hell, Nóbel de Química



El Nóbel de Química Stefan Hell
Estocolmo, 8 diciciembre EFE.- La historia de la Humanidad es, "en un sentido amplio", la historia de los descubrimientos científicos, así lo piensa el Premio Nobel de Química 2014 Stefan Hell, para quien "algunos acontecimientos históricos están sobrestimados" si se comparan con los logros de la ciencia.
   Hell logró este año el Nobel de Química junto a los estadounidenses Eric Betzig y William E. Moerne por el desarrollo de la microscopía fluorescente de altísima resolución, sentando así las bases de la nanoscopía, que permite ver cosas hasta ahora inalcanzables.
   Rumano de nacimiento, pero de nacionalidad alemana, Hell calificó de "error serio" el recorte de los presupuestos para investigación en tiempos de crisis y recordó que, "al final, nuestra calidad de vida está profundamente enraizada en los descubrimientos científicos".
   Europa estuvo "durante muchos años en primera línea de la ciencia, lo que fue importante para el mundo y, sin lugar a dudas, bueno para Europa", explicó.
   "Nuca debemos olvidar -dijo- que nuestro Estado del bienestar, nuestra forma de vivir y nuestra calidad de vida están basados, en última instancia, en los descubrimientos científicos y eso es algo que no siempre se aprecia".
   Para este científico "algunos acontecimientos históricos están completamente sobrestimados en su importancia".
   "Napoleón, por ejemplo, fue sin lugar a dudas muy importante, pero, si me preguntas a mí -señaló Hell-, seguramente lo fue más la invención de los fertilizantes", sin ellos "la gente habría muerto de hambre o se habrían matado unos a otros a finales del XIX por no poder alimentar a sus hijos".
   Con ello -explicó- la gente pudo interesarse por "otras cosas como la literatura, la música, el teatro" y se lograron beneficios para la sociedad, "que no fueron un logro de la política, como se podría pensar" sino que fueron los descubrimientos científicos los que, "al final, permitieron a los políticos extender el Estado del bienestar".
   De maneras suaves y hablar pausado, con el que es capaz de transmitir la pasión por su trabajo, Hell explicó la importancia del llamado nanoscopio, gracias al cual se pueden observar por primera vez "células vivas, penetrar en ellas sin dañarlas".
   La importancia de poder observar las células vivas radica en que así se puede comprobar cómo trabajan, "es importante saber cómo funciona una célula para, eventualmente, entender cómo se produce una enfermedad".
   La Academia sueca de Ciencias resaltó al conceder el premio que este tipo de microscopía ha abierto nuevos campos en la química y la bioquímica, al poder ver como las moléculas crean sinápsis entre las neuronas o trazar proteínas relacionadas con enfermedades como el alzheimer, el parkinson, o el huntington.
   El camino de Hell hacia el Nobel no fue precisamente fácil. El científico europeo, que trabajó de forma independiente a los otros dos premiados, tuvo que enfrentarse al escepticismo de muchos compañeros de profesión.
   Y todo ello porque se empeñó en demostrar que lo imposible podía ser posible. A finales del siglo XIX, el físico y óptico alemán Ernst Abbe estableció que la microscopía óptica no podía observar objetos menores de 0,2 micrómetros, lo que se conoce como límite de difracción.
   Aunque ese límite sigue existiendo, los premiados encontraron la manera de eludirlo usando moléculas fluorescentes, con lo que lograron crear microscopios de una resolución no vista antes, para lo que Hell, por un lado, y Moerner y Betzig por otro, desarrollaron técnicas diversas.
   Hell aseguró que para llegar a resultados de este tipo hace falta tener "una educación muy buena, tu propia visión del problema y entenderlo en profundidad", solo así quizás "puedas marcar la diferencia".
   El científico eligió "un problema que parecía que no se podía resolver" movido por la "curiosidad" y por la "diversión", aunque no podía imaginar que llegaría a un resultado tan importante.
   "Los profesores, los colegas, en los libros de texto se decía que nunca podría pasar (eludir el limite de difracción), así son las cosas. Y entonces llegas tú y dices: 'ha pasado', es absolutamente genial. 

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