4 de junio de 2015



El papa insta a los cristianos a "protegerse del riesgo de la corrupción"

   
   Roma, 4 jun (EFE).- El papa Francisco instó hoy a los cristianos a "protegerse del riesgo de la corrupción" y a no dejar que su dignidad se diluya para no envilecerse y ser "mediocres, tibios e insípidos".
   Durante la misa oficiada con motivo del Corpus Christi a los pies de la basílica romana de San Juan de Letrán, el pontífice invitó a los presentes a reflexionar sobre la necesidad de no envilecerse y se refirió a algunos casos en los que se corre el riesgo de caer en en ello.
   "Nos disgregamos cuando no somos dóciles a la palabra del Señor, cuando no vivimos la fraternidad entre nosotros, cuando competimos por ocupar los primeros puestos, cuando no encontramos el coraje para dar testimonio de la caridad, cuando no somos capaces de ofrecer esperanza", afirmó.
   El papa definió qué es "envilecerse" en el siglo XXI: "Significa dejarse afectar por la idolatría de nuestro tiempo: la apariencia, el consumo, el yo en el centro de todo, pero también el ser competitivo, la arrogancia como actitud ganadora, el no admitir nunca haber cometido un error o tener una necesidad. Todo esto nos envilece, nos hace cristianos mediocres, tibios, insípidos".

   El pontífice argentino aseguró que "Jesús derramó su sangre" para que los cristianos pudieran "ser purificados" de sus pecados.
   "Para no envilecernos, le miramos a Él, bebemos de su fuente, para poder protegernos del riesgo de la corrupción", insistió.
   A su juicio, el buen cristiano es el que lleva a los demás "el amor de Dios", "ayuda a los enfermos en cuerpo y espíritu" y "ama a los necesitados de reconciliación y comprensión".
   A la misa siguió una procesión que concluyó en la basílica de Santa María la Mayor, donde el pontífice impartió la bendición.
   La festividad del Corpus Christi fue instituida por el papa Urbano IV en 1264, tras el llamado "milagro de Bolsena".
   En 1263 el sacerdote bohemio Pedro de Praga se dirigía hacia Roma cuando se detuvo en la cercana localidad de Bolsena para oficiar misa, pero el cura dudaba de la presencia real de Cristo en la Eucaristía y pidió a Dios una "señal".
   Según la tradición católica, unas gotas de sangre emanaron de forma imprevista de la hostia consagrada y cayeron sobre el corporal (lienzo que se extiende en el altar para poner sobre él la hostia y el cáliz), una tela que se guarda en la catedral de Orvieto, en el centro de Italia.

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